Ayer, en una librería fantástica por tod@s conocida, “La buena vida”, se dieron cita Patricio Pron y Felix de Azúa en el marco de “Antología en movimiento”. El objetivo, dar algunas vueltas alrededor del libro, también por tod@s conocido, Diccionario de las artes. Bajo el buen pretexto de una conversación lúdica, sumidos en el expectro de una librería parisina de la “generación Beat”, -recojo un comentario de Azúa-, experimentamos el simulacro de ser parte de algo importante, de estar en contacto con grandes figuras literarias e intelectuales, mediáticas, cuyos blogs, también conocidos, forman parte, ellos mismos, del portal “mainstream” de la literatura en español: EL BOOMERAN(G).
Soñamos pues, con estar en el París de Chet Baker, y sin embargo, la improvisación resultó amable pero no extraordinaria. Nuestra culpa en definitiva, por esperar más de un evento de este tipo, una actitud, al día de hoy, bastante “naïve”. El problema: la creación de expectativas producidas quizás por el acceso a referencias históricas, y el espejismo de las “figuras prominentes”. Todas las generaciones parecen decir lo mismo, ya que juzgan la “grandeza” desde la inmediatez. Sin duda, el fenómeno Midnight in (a lo W. Allen) es muy rentable.
El libro de Azúa, polémico en su momento, es la huella de un debate y una época históricamente determinados. Aunque el propio autor recordó aquella opinión según la cual: “el arte es solo presente, no tiene ni pasado ni futuro”. Los suyos siguen siendo criterios dados desde la historia, y la conversación continúo remitiendo a “autoridades” y “seriedades” basadas en subjetividades respetables. Su ejecución instrumental procuró improvisar a dúo -entre algunas “pifías”- junto a la “joven promesa”, obsequiándonos con líneas entretenidas… para concluir con mutuas “palmaditas en la espalda”.
Azúa y Pron son personalidades de la intelectualidad actual, su performance de una “petit mort” gloriosa es expresión de poder y reconocimiento, y su obra sin duda es una referencia mediática, lo mismo que algunas de sus propuestas e ideas ¿por qué entonces esta desazón… este sentimiento de decepción? No se puede esperar más de este tipo de eventos, cumplen una función, como los “publi-reportajes”. Representan la fantasía de un diálogo, proporcionada con el “nada que decir”… la teoría del “acabamiento” que guío algunos comentarios locuaces, desató una que otra risa y cabezadita afirmativa, el comentario colectivo sobre una película aparentemente inaccesible y la oportuna intervención de un arquitecto, que suavizaron la expectativa sobredimensionada de esperar que dijeran “algo más”, que nos dieran “algo más”… pero ¿por qué deberían hacerlo? no estábamos ante “Le dinosaure et le bebé”, fue una entretenida conversación de jueves por la tarde, en una deliciosa cafetería-librería de Madrid. Ser más exigentes parece un lujo, eso sí da qué pensar.
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